“El partido siempre se termina con el pitazo final”
Antonio Vizintin, sobreviviente de la tragedia de Los Andes, fue entrevistado en profundidad por Sebastián Perasso y expone sus conceptos sobre el rugby y la vida.
Antonio, muchas gracias por recibirme y por la disposición que has mostrado desde un comienzo cuando he tenido el primer contacto contigo. Quería, en primer lugar, hacerte llegar un saludo afectuoso de mi padre, con quien has tenido la oportunidad de compartir largas jornadas de rugby.
Es cierto, hazle llegar mis saludos también. Desde mi rol de Presidente de la Unión de Rugby de Uruguay y el de tu padre como Presidente de la UAR, hemos compartido grandes momentos de rugby hace algunos años atrás.
Me gustaría comenzar con una pequeña reflexión para luego hacerte una serie de preguntas. Sin dudas el rugby, en especial en lo que hace a primeras líneas, contribuye a formar personas en cierta forma distintas y mejores a la vez y, en este caso, al agradecer tu fina atención prestándote a responder algunas preguntas, también entiendo debo agradecer a la compartida pasión que tenemos por nuestro deporte, el rugby.
Coincido con vos, Sebastián, Sin dudas la pasión en su momento dejó paso a una forma de ser y de vivir producto de las enseñanzas del rugby; el dar siempre lo más y lo mejor de uno, el esforzarnos al máximo sin saber si vamos a tener éxito, pero si no llegamos sabemos que dimos todo. Eso te da una tranquilidad que a lo largo de la vida es bueno sentirlo, te hace caminar con la cabeza levantada y el pecho erguido.
Muchas veces uno debe sufrir en silencio, ya sea por el esfuerzo o por lo que dicen de ti injustamente. Pero el rugby te enseña a controlar tu temperamento, quien mejor que el rugby podía hacerlo.
En primer lugar, pese a que eres una persona de una conocida trayectoria me gustaría que hicieras a los lectores una reducida referencia sobre tu currículum personal (estudios, familia, ocupación) y tu historia en el Rugby.
Estudié en el Colegio Christian Brothers Stella Maris (Newman en Argentina). Luego hice la Facultad de Derecho. Fui Gerente General de una empresa de envases donde llegué a trabajar con ciento ochenta personas. Fui socio de una empresa de Fast Food- Pizza Quick y en la actualidad tengo una sociedad promotora de inversiones inmobiliarias en la Ciudad de Montevideo.
Mi familia está compuesta por mi señora Josefina Serrato, y mis hijos Lucía, que es contadora y está casada con Daniel Fresnedo y de quienes tengo dos nietos Joaquín y Benjamín, y Patricio que estudia arquitectura en Madrid, España.
La mayoría de la gente recuerda la increíble aventura que viviste junto a tus compañeros y, más allá de la vivencia histórica de lo ocurrido, me gustaría repasar tu costado rugbístico por esos tiempos ¿Qué era en esos días el Rugby para vos y tus compañeros?
Era lo primero. Rugby, rugby, novia, familia, estudios, en orden de prioridades. Vivías por y para el rugby, pensando en el partido del domingo. Eran momentos de gran aprendizaje en forma inadvertida, aprendizaje para la vida.
Tras el tremendo golpe que milagrosamente muchos pudieron superar, el convivir y compartir a diario el peligro, la incertidumbre y la soledad, durante un tiempo prolongado se me ocurre debe dejar una marca profunda. ¿Qué enseñanzas más profundas te dejó para la vida? ¿Es hoy un hombre distinto?
Sí, indudablemente soy distinto. No podés pasar por todo aquello; por 73 días terribles y que nada haya cambiado. Tus valores cambian, te das cuenta de las cosas importantes de la vida, “tu familia”, el resto es prescindible. El decir “te quiero” muchas más veces de lo que lo decimos, el decirle a papá y mamá lo mucho que los queremos porque de repente o tú no estás, o ellos no están, y nos quedamos con un vacío enorme de no haber dicho lo que sentimos y ya es tarde, el momento pasó.
Por otro lado, esa incertidumbre se transforma en convicción, en convicción de salir del lugar y en el convencimiento de que si la muerte me iba a encontrar, iba a ser buscando la forma de salir del lugar. El luchar hasta lo último, como nos decía un Christian Brother “el partido termina con el pitazo final” y ¿acaso la vida no termina en forma similar? Te marca por haber pasado por una prueba, por saber hasta donde podés llegar, hasta qué extremos podés llevar los umbrales de dolor, de soledad, de angustia. El hombre soporta muchas cosas mientras tenga una esperanza y nosotros siempre la tuvimos.
Siempre hemos dicho que el Rugby enseña a luchar contra la adversidad y resulta casi imposible encontrar un ejemplo que pueda superar la aventura en que involuntariamente se vieron involucrados ustedes, y la forma en que la afrontaron y superaron. ¿Cuáles fueron las claves para que pudieran sobrevivir en una situación límite como la que enfrentaron?
Disciplina, obediencia, esfuerzo. Sin disciplina y orden todo hubiera sido imposible. Nuestro capitán fue un claro ejemplo de verticalidad de mando, el mandó y el equipo obedeció, mal o bien pero hubo una cabeza y todos la siguieron. Sin esfuerzo nada se consigue. Las cosas cuestan y no salen de primera. Lo importante no es cuantas veces uno se cae sino cuantas veces nos levantamos para seguir.
Nuestra historia fue producto del ensayo y error, de equivocarnos muchas veces y de comenzar todo de nuevo aprendiendo de nuestros errores y usando nuestra imaginación. No tenemos límites todo es posible. Fracasamos muchas veces y tuvimos algunos éxitos, pero aquí nuevamente aparecen las enseñanzas del rugby transformando las derrotas en derrotas y no en pesimismo y teniendo éxito pero no siendo exitistas. El tomar la derrota y el éxito como parte de la vida misma.
En la opinión de muchos, el Rugby es un deporte en que la mente es en definitiva lo determinante. Tu que te desempeñabas como pilar y desempeñaste metafóricamente el papel de un “pilar” en el tremendo desafío que enfrentaron. ¿Que rescatarías como más importante? ¿La fortaleza física o la mental/espiritual?
Sin dudas necesitas fortaleza mental /espiritual. Es esa fortaleza la que te permite llegar más alto, más lejos. Todo depende de proponértelo. Nuestra fortaleza estaba en la cabeza: objetivo claro y no descansar hasta llegar al objetivo. Si tenemos además fortaleza física bienvenida sea, usémosla como complemento.
En nuestro juego la figura del capitán tiene una importancia superlativa y la fortaleza de un equipo o grupo de jugadores está estrechamente ligada al respeto que tengamos por el mismo y por los líderes naturales que espontáneamente aparecen. ¿Qué reflexiones se te ocurren al respecto?
En cuanto al capitán y su liderazgo, diría que en pocos deportes se ve una verticalidad total de mando. En el momento de mayor caos que tuvimos apareció nuestro capitán mandando y ordenando, y un equipo detrás obedeciendo y haciendo.
En cuanto a los líderes no me quedan dudas que se hacen, que se hacen afrontando dificultades y venciéndolas. En nuestra historia hubo muchos líderes que aparecieron y desaparecieron en la medida que no fueron más necesarios, pero hicieron lo que tenían que hacer sin necesidad de supervisión alguna, con responsabilidad. El equipo jugó el partido más importante, que era por la vida, y muchos dieron la vida para ganar ese partido y el que ganó fue el equipo. ¡Todos ganaron! Sin liderazgos un equipo no tiene rumbo. ¿Considerás que habría habido sobrevivientes en un avión con pasajeros que no tenían relación alguna y no se conocían?
No creo que sin un liderazgo fuerte sea posible pasar por una situación extrema. En ese caso todos opinan, nadie hace nada; se pasa mucho tiempo discutiendo cuál es la mejor idea y la mejor idea es la que se lleva acabo.
El Rugby es el juego de equipo por excelencia y, por lo que sabemos, ustedes ante el desafío actuaron como integrantes de un team. ¿Cuales son tus reflexiones al respecto y sobre los roles que cada uno tuvo que desempeñar?
Cada uno respondió en la medida de sus posibilidades y se vió al equipo responder como tal, cada uno dio el ciento por ciento de lo que tenía para dar y eso hizo que el equipo funcionara y que no hubiera reproches.
Todos dieron todo para salir del lugar. Como buen equipo, estuvieron los que empujaron, los que se embarraron y, por supuesto, los impolutos wingers en un día de barro que hicieron el try y fueron más aplaudidos que el resto. Sin embargo, quien ganó fue el equipo. Así se jugó nuestro partido en la montaña, y así se juega el partido de la vida.
La gran mayoría de ustedes eran egresados de un Colegio Católico como el Stella Maris, donde se hacía hincapié en forjar el carácter por sobre intelecto y se utilizaban métodos de enseñanza basados en la disciplina y el respeto. Hoy, a la distancia, ¿sintieron que la educación que recibieron fue un plus o un valor agregado en el medio de Los Andes?
Sin dudas. Mi agradecimiento es no solo al rugby, sino a quienes fueron educadores (con mayúscula) para la vida. Los Christian Brothers, fueron mucho más que profesores de materias curriculares. Sin disciplina no podemos llegar a nada. Nos lo demuestran equipos de rugby todos los fines de semana, basta mirarlos.
Acaso cuando en el equipo contrario hay peleas, sabemos adentro nuestro que el partido está ganado. Es cuestión de seguir en el esfuerzo hasta el final. Nosotros sentimos que la educación de los Brothers fue un plus, por la disciplina y por el respeto. El respeto es una palabra tan denostada en estos días y tan valiosa. El respeto es respeto a los demás y respeto a nosotros mismos. Si somos respetuosos con los demás obtendremos respeto hacia nosotros y viceversa. En la adversidad se vieron esos valores sumados a la solidaridad.
Hay algunos conceptos tales como compromiso, respeto, liderazgo, solidaridad, amistad, sacrificio, superación y honestidad, que si bien son diferentes, en ellos está ligado el éxito de un equipo de Rugby, de una empresa e incluso de la vida de cada persona. ¿Cuáles son tus reflexiones al respecto después de la enorme experiencia que te tocó vivir?
Con el tiempo y la distancia valorás mucho más esos valores, y te das cuenta que nada en la vida se logra si los dejás de lado y mucho menos en el caos. Cuanto más difíciles son las cosas, más aferrados a esos valores debemos estar. En el caos tremendo que fue la montaña, en donde nos estábamos jugando la vida a cada instante, apareció el ser solidario en contraposición al egoísta, el ser obediente en contraposición al rebelde. Ahí aparecen los grandes valores y la nobleza propia del ser humano.
¿Cual sería tu mensaje para los jóvenes que hoy tienen la misma edad que tenías vos y la mayoría de tus compañeros cuando les tocó vivir la tremenda aventura en que se vieron involucrados?
Que sin sacrificio nada se consigue. Que debemos tener objetivos claros y realizables, y tenemos que tener claro que vamos a fracasar muchas veces pero que el camino al éxito está abonado de fracasos. No tenemos nunca que bajar los brazos y entregarnos, yo siempre digo que en el diccionario de los pilares la palabra renuncia no existe.
¿Seguiste jugando al rugby luego de la tragedia?
Sí, durante varios años. Logramos ser campeones durante seis años seguidos. Después los años te van tentando con lugares calentitos en el hogar y cada vez se hace más difícil volver a las prácticas.
¿Cómo influyó esa experiencia tan dramática en la educación de tus hijos?
Es difícil decirle a un hijo que se tiene que sacrificar, y que las cosas no van a ser fáciles o por lo menos que estén preparados para lo peor. Nadie quiere hacerle la vida difícil a los hijos, pero la vida se lo va a enseñar si no lo hacemos nosotros y de la manera más dura.
¿Qué valores del rugby has volcado en tu vida privada y en tu vida profesional? ¿En que te han sido útiles?
A lo largo de los años me ha sido de mucha utilidad. De hecho, el saber hasta donde puedo llegar, de que soy capaz de soportar mucho, y mucho más de lo que pensaba, de sufrir tanto en silencio. El rugby me ha enseñado a poner un objetivo y hacer que toda una empresa lo conozca y sea capaz de llevarlo acabo. El rugby me ha permitido luchar por lo que creo y no dejarme vencer a la primera dificultad. Me ha permitido sentir que podés llegar a ser un hombre.
En términos de valores y principios del juego ¿Considerás que el rugby sigue manteniendo esos principios fundacionales que lo hacen distinto y único como deporte?
Sin dudas. Por más que cambien las cosas, su esencia sigue intacta y sus valores continúan vivos y latentes. Siempre aparece algún veterano que nos lo hace acordar cuando hemos olvidado algo y volvemos a la esencia del deporte. El partido termina con el pitazo final.
por Sebastián Perasso









































