Rugbiers II
Gonzalo se levantó temprano ese domingo. Desayuno junto a su madre y se marchó hacia la habitación para armar el bolso. Cuando miraba la camiseta original de Los Pumas firmada por todos los jugadores, entró su padre. “Vamos, que todo el club está con ustedes. Me mato si salen campeones esos hijos de puta”, casi que gritó Emilio, para quien era una rutina pasar los fines de semana en Tradicional. Ocurre que atrás de Tradicional venía Acassuso, el rival de toda la vida desde que un grupo de socios decidió irse para fundar otro club. Si Tradicional ganaba, se aseguraba el título. Un empate le daba chances a Acassuso, que tenía que enfrentar y ganarle a El Imperial. Gonza trató de no escuchar a su padre. Estaba concentrado en lo que tenía que hacer en la cancha.
…Rodolfo se sorprendió cuando llegó a la cocina para desayunar y encontró a sus padres. El estaba acostumbrado al mate con su mamá, porque Pedro aprovechaba el domingo para dormir hasta tarde para después dedicarse al asado. “¿Qué hacés acá, papá, levantado tan temprano?”, dijo Rolo. “Es que quiero ir a verte. ¿No te jode? Hablé con Freddy y me consiguió un lugar en el micro. Eso sí: acordate que yo de rugby no entiendo nada”, aseguró Pedro. “Sí, viejo, vení. Siempre quise que me vengas a ver”, cerró Rolo antes de irse al cuarto para armar el bolso. El poster de Los Pumas fue único testigo de la ceremonia silenciosa.…
La cancha principal del club Tradicional estaba poblada por unas 400 personas ese domingo. Emilio, al igual que cuando jugaba la Primera, se reunió con sus amigos en la tribuna, del costado del ingoal que da a la pileta. La gente de Fomento estaba del otro lado, parada, pegada al alambrado. Pedro creyó que lo más conveniente era quedarse junto a Freddy. Mientras, el silencio invadía a los dos vestuarios.
El partido es intenso desde el mismo arranque. En la primera pelota vuelan un par de piñas de ambos lados como para imponer respeto. Tradicional abre la pelota de todos lados; Fomento se defiende a puro tackle. El local pasa al frente con un penal, pero enseguida el Huevo Santillán empata con su zurda. No hay tregua. Es palo y palo. Los chicos de Tradicional buscan por todos lados la manera de quebrar, pero los de Fomento les van duro a los brazos y les hacen caer la pelota. Faltando cinco minutos para el final del primer tiempo, Tradicional tiene un scrum a favor a cinco yardas del ingoal. Como un rayo, Gonzalo se levanta, quiebra dos tackles y termina en el ingoal con Rolo colgado de sus hombros. Try, conversión y al descanso con un 10-3 para el equipo que hasta allí es el campeón de la Menores de 17.
El segundo tiempo tiene el mismo trámite. Pero de tanta presión del contrario, un centro de Tradicional pierde la pelota. La recuperan los forwards de Fomento. Arman un maul y empiezan a empujar. Se los llevan más de 20 metros a la rastra. Try abajo de los palos. Conversión del Huevo y 10 a 10.
Los chicos de Tradicional salen como fieras del kick para reponer el juego. Un jugador de Fomento traba la salida de la pelota en un ruck y el árbitro sanciona penal: 13-10. Otro penal, en este caso por offside, sirve para que Tradicional pase al frente por 16-10. Faltan apenas 10 minutos. Pero el Huevo Santillán está encendido, como dicen los relatores de ahora. Mete un penal desde la mitad de la cancha, recto a los palos, y emboca un drop que atraviesa la hache con lo justo. Es más: le dio con la derecha y casi cayéndose. “Como Porta”, se dijo a si mismo. “Como Wilkinson, la puta madre”, exclamaron desde la tribuna de Tradicional..
“¡Vaamoosss!”, gritó por primera vez Pedro, mirando a su hijo como si él fuese quien había empatado el partido.Los forwards de Tradicional, que ya no pueden levantar las piernas de tanto atacar, se juntan en el medio de la cancha y toma la palabra el Flaco Yrigoyen, el segunda línea y capitán: “Ahora manejamos el juego nosotros. No abrimos más la pelota. Los metemos en el ingoal”, arenga, sabiendo que sus tres cuartos ese día no pueden quebrar la marca de sus rivales. También se abrazan los ocho forwards de Fomento, que tienen los hombros morados de tanto tacklear. El Ratón Cardone, hooker y capitán, lleva el mensaje: “No nos entran ni con la policía. Tackleemos como si fuera lo último que hacemos en la vida”.
Los últimos tres minutos se juegan en campo de Fomento. Los de Tradicional empujan y los de Fomento resisten. Hay un line en cinco yardas. Gonzalo y Rodolfo están en la cola. Ganan la pelota los de camiseta rayada. Arman un maul y los de rojo lo derriban. Penal. Es muy esquinado para probar a los palos, el pateador no está en un buen día y no hay más tiempo para nada. Entonces, el Flaco Yrigoyen opta por el scrum en cinco yardas. Es la última jugada. Los dos packs se vuelven a reunir por separado. Se dicen que es la última. Los ocho de Tradicional tratan de empujar, pero los de Fomento están bien armados. Gonzalo ya pensó en levantarse. Rodolfo ya recordó la frase del Negro: “Ojo con el ocho”. Gonza agarra la pelota y encara por el ciego, por el costado más angosto de la cancha. Se lleva puesto al medio scrum y enfila hacia la bandera del ingoal que da a la pileta. Cuando se está por tirar para apoyar, Rodolfo le encaja un tackle abajo de la cintura que lo tira afuera. Final. Los de Tradicional se agarran la cabeza porque ya sabían que Acassuso había ganado. Los de Fomento se abrazan sin saber que la derrota de El Imperial los deja en el cuarto puesto, un lugar nunca alcanzado por ningún equipo en la historia del club. Emilio y sus amigos putean al aire. Pedro se le sube a caballito a Freddy. Ni los goles de Racing los gritaba así.
El tercer tiempo es en el bar clásico del club Tradicional. Allí todos dicen que se arma el mejor tercer tiempo por la calidad y cantidad de bebidas y comidas. Emilio está en el lugar de siempre, en uno de los codos de la barra, con un vaso de whisky en la mano. Cuando manotea el bolsillo de su camisa se da cuenta que se bajó un atado de fasos durante el partido. Pedro mira todo asombrado y ya va por la tercera cerveza. Rodolfo llega arrastrando su bolso. No puede ni levantar los brazos. Agarra una botella y se tira en un sillón. Gonzalo ni siente sus piernas. El y sus compañeros lloraron en el vestuario, pero ahora están tranquilos con ellos mismos. Saben que dejaron todo.
Gonzalo y Rodolfo miran, uno en una punta y otro en la otra, a la misma chica. Es una rubia de 16 años, socia del club, que desparrama sensualidad a cada paso. Sigue de largo y las miradas de los dos octavos se chocan. Gonzalo es el que encara. No a la rubia. A Rodolfo. “Te felicito. No sé de dónde saliste. Me sacaste el try del campeonato”, dice Gonza. “No sé, fui directo al bulto, a tacklear lo que estuviera cerca. Vos la rompiste, jugaste un partidazo. No sé si en nuestra edad hay muchos ochos como vos. Tenés que estar en Los Pumitas”, le contesta Rolo. Se abrazan y empiezan a charlar de varios temas. De repente, el díalogo se interrumpe. Pasa de nuevo la rubia. Y casi empujándose se preguntan al mismo tiempo: “¿A ver quién gana ese partido?”. La rubia les avisa que no insistan, que se está por ir a ver a su novio a otro tercer tiempo. Su novio también juega de ocho, pero en Acassuso, el campeón de la Menores de 17. “Es un choto”, dice Gonzalo riéndose a los gritos cuando la rubia ya se fue. “Además, es medio gonca”, agrega Rolo a pura carcajada. Los dos lo saben: habrá revancha.
por Jorge Búsico








































