Rocky Elsom, el hombre de la final

El australiano jugador del Leister fue elegido el hombre del partido, por su gran despliege se erigió en el gran líder de su equipo en la final de la Copa de Europa.
Leinster se alzó con su primera Heineken Cup tras un emocionante partido ante los Leicester Tigers. Los ingleses partían como grandes favoritos tras conseguir el pasado fin de semana el triunfo en la Premier. Para ganar, los irlandeses debían jugar el máximo tiempo posible en campo rival. Tenían que alejar a la poderosa delantera de los ‘Tigres’ de su zona de 22.
Lo lograron durante gran parte del partido, a excepción de los minutos que jugaron en inferioridad numérica por la expulsión temporal del primera línea Stan Wright. El parcial para los ingleses fue de 13 a 0 favorable para sus intereses. Cuando ambos conjuntos lucharon en igualdad de condiciones, Leinster se impuso con claridad.
Su delantera supo imponerse a la que partía como dominadora del juego con un Rocky Elsom verdaderamente magistral. El australiano robó varios balones en saques de touches, rompió en varias ocasiones la línea de defensa rival y se erigió en el gran líder de un paquete de delanteros que supo mantener la presión sobre el rival y que controló buena parte de las fases estáticas del partido.
Ambos equipos llegaban a la final con ausencias notables en la importante posición de apertura. Los irlandeses no podían contar con Felipe Contepomi, mientras que Leicester no pudo alinear a Toby Flood. Quien más notó la ausencia fue el campeón inglés. Mucha culpa de ello la tuvo un Johnny Sexton que estuvo muy bien arropado por Brian O’Driscoll y Gordon D’Arcy. El irlandés supo repartir juego y estuvo razonablemente bien en su juego al pie.
Por el contrario, el ‘Tiger’ Sam Vesty disputó un partido tremendamente gris. Estuvo desacertado con sus patadas tras golpes de castigo, muy cortas que no dieron ninguna profundidad al ataque inglés y que le privó de poder presionar en campo contrario a sus rivales. En los minutos finales, Leicester echó de menos el liderazgo y la creatividad en esta posición, mermando su ataque y haciéndole previsible para la gran defensa que realizó Leinster.
En el juego de ataque de Leicester, el protagonismo de sus alas, Tuilay y Hamilton, había sido una constante esta temporada. Habían sido los grandes finalizadores, los que habían efectuado las carreras de ruptura que desequilibraban las defensas rivales. Pero en la final, sin apenas balones que jugar, su actuación pasó prácticamente inadvertida.
Por último destacar el gran año de Brian O’Driscoll, sin duda, uno de los grandes jugadores de la historia de este deporte. Ya al final de su carrera, parecía que ésta iba a quedar marcada por la ausencia de títulos que refrendaran la calidad de este jugador. Pero el triunfo con Irlanda en el Torneo VI Naciones y esta Heineken sirven para que no se convirtiera en un campeón sin corona, algo que el rugby no debía permitir.














































