“Si yo fuera Phelan”
Estaría preocupado pero no desesperado. Los partidos contra Barbarians Franceses no dejaron saldos favorables, ni en la victoria ni en la derrota. Sin embargo, eran pruebas que no disminuían las fuerzas de Los Pumas para el Mundial.
No compitieron hombres claves que, sin duda, serán protagonistas en Nueva Zelandia. A algunos se le dieron merecidas vacaciones(habían batallado duramente en Europa)y, otros, se recuperan de lesiones. Un conocido entrenador de fútbol decía “la base está”. En el rugby y ante los galos “la base” no actuó. Por lo tanto, todo comienza ahora.
Si yo fuera “Tati” Phelan le dedicaría muchas horas a comparar el juego del Seleccionado Argentino con el que despliegan los neocelandeses, sudafricanos y australianos. También los ingleses, futuros rivales de los argentinos en la Copa William Webb Ellis. Todos ellos han vuelto a las fuentes: utilizan la pelota por medio de pases y la sacan rápido de las formaciones. ¿Los argentinos hacen lo mismo? NO.
Hace unos días, los neocelandeses del famoso Ben Carter estaban en defensa, casi cerca de su ingoal. Cuando el medio-apertura fue habilitado, no pateó sino que puso en juego a un compañero, ubicado detrás de un poste. ¿Riesgo innecesario? No, sólo fue fiel a una manera de jugar al rugby que es, en definitiva, la unión de lo esencial con lo moderno.
¿Los Pumas actúan como los “agonistas” del Super Rugby? No, porque se insisten en avanzar por medio de mauls, en cualquier lugar de la cancha. En otros momentos patean hacia adelante o hacia lo alto, remedando al antiguo “up and under”(arriba y abajo), ya olvidado por los británicos y por las naciones del Commonwealth, que prefieren imitar al espectacular “Rugby League”(el de 13 hombres por bando), donde el traslado de la pelota con pases ha sido su característica.
Si yo fuera Phelan contaría cuántas veces se regaló la posesión a los “Barbarians”, después de patear, chocar sin apoyo o “cachetear” la “ovalada” en los lines. Sé que el técnico lo puede hacer porque el trabajo del analista Basdedios se lo permite. Esta observación de las tareas de los muchachos argentinos más la comparación con lo que hacen los mejores del mundo(incluidos los ingleses)le permitirá concluir que no sirvió de nada la práctica contra Barbarians. No estaban los principales Pumas y se aplicaron tácticas inadecuadas para el rugby del Tercer Milenio. Como opinamos antes, todo empieza ahora.
Si yo fuera Phelan le recomendaría al vigoroso Creevy que lea el libro del hoker inglés Peter Wheeler, llamado “The art of throwing the ball”(El arte de lanzar la pelota). En ese trabajo, el ex capitán del equipo “De la Rosa” explica cómo aprendió a dirigir la “ovalada” a la posición del line que le indicaran. ¿Cómo hizo? Principalmente, práctica sin pausas. Iba antes a los entrenamientos y ensayaba con chicos de divisiones inferiores, ubicados en la 2°, la 4° o la 6° posición de la hilera. También trabajó en una cancha de basquetbol y se acostumbró a utilizar su brazo sin esfuerzo, apto para soltar la pelota hacia distintas distancias.
Creevy tiene un ejemplo: Mario Ledesma, como el forward de San Luis, era N° 8 y, al principio de su rol de hooker, lanzaba mal la pelota. Pero con los entrenamientos y la dedicación, Mario es bastante preciso. De tal modo, si no accede al libro y a las recomendaciones de Wheeler, Creevy tendrá como modelo al experimentado Ledesma. Si ambos lanzan bien la pelota, los saltadores argentinos podrán tomar la pelota con las dos manos y no regalarla, como sucedió ante Barbarians, después de elevarse a destiempo o de darle un puñetazo cuando no les llegaba bien por el aire.
Si yo fuera Phelan elegiría primero a los medio-scrums que irán al Mundial, una tarea difícil. Los que actuaron contra los franceses(Figuerola, Lalanne y Bruzzone)poseen virtudes como atacantes y, si los exigen, responden en defensa y en la cobertura del full-back, cuando el rival patea al fondo. Pero los tres N° 9 mencionados tienen una falla que facilita la marcación de los contrarios . ¿Qué hacen mal? Pasan la pelota en dos tiempos y, esa fracción de segundos, permite que los marcadores ganen uno o dos metros de ventaja.
Faltó ver a Vergallo, todavía convaleciente de una lesión. De los otros tres, el más eficiente en los ataques fue Figuerola, quien marcó un try y estuvo cerca de anotar otro. Si yo fuera Phelan, tal cual expresamos antes, designaría a los N° 9 y los pondría a entrenar el pase en un solo movimiento hasta que tengan callos en las manos .
Si yo fuera Phelan lo convencería a Felipe Contepomi para que se ubique como centro; allí es uno de los mejores del mundo. En la posición de medio-apertura pierde claridad porque es muy temperamental y aguerrido. Esta variante se resolvería fácilmente si Juan Martín Hernández se recuperara. Pero si el magnífico N° 10 no alcanza su plenitud física antes o durante la Copa William Webb Ellis, Felipe insistiría y no se probaría a Marcelo Bosch(escuché que no le gusta, ahora, actuar como N° 10) o a Ignacio Mieres, quien tuvo buenos desempeños en su club europeo.
Si yo fuera Phelan preferiría a los pilares con movilidad y no sólo a los que sobresalen por su peso y vigor en los scrums. Después de ver la dinámica de los primeras líneas franceses, neocelandeses, australianos os sudafricanos, concluimos que lo significativo es la destreza atlética para entrar en juego cuando la pelota fluye de mano en mano.
Si yo fuera Phelan, por último, les contagiaría su fervor para el tackle, algo que Los Pumas no mostraron. En los años anteriores y contra Barbarians en este 2011, los rugbiers argentinos no fueron contundentes en la marcación. Sería bueno que vieran vídeos de su técnico e imitaran su notable destreza para derribar oponentes, en la línea de ventaja.
A pesar de este aparente negativo análisis, estimamos que no todo está perdido para nuestro equipo nacional de rugby. Como bien dijo el entrenador Phelan, “Quedan tres meses; hay tiempo para corregir los errores.”
Por Nicanor González del Solar








































